Todo comenzó con un llamado que alertaba sobre movimientos sospechosos en una vivienda del barrio Obrero B. A partir de ese dato, los investigadores pusieron en marcha un trabajo silencioso que se extendió durante 30 días. Hubo seguimientos, observaciones y recolección de información que permitieron confirmar que en ese domicilio funcionaba un punto de venta de droga a pequeña escala.
Con el avance de la investigación, se reunieron pruebas suficientes para solicitar una orden de allanamiento. Así, en la mañana del miércoles, el personal de Toxicomanía, con apoyo del grupo especial COER, irrumpió en la vivienda señalada. El resultado fue concreto: encontraron 357 gramos de marihuana ya fraccionada, lista para su comercialización, y cinco plantas de cannabis que medían entre 2,30 y 3,40 metros de altura, con capacidad para producir una importante cantidad de cogollos.

Además, se secuestraron teléfonos celulares que ahora serán analizados, ya que podrían contener información clave sobre la red de contactos y el circuito de venta. Este tipo de elementos suele ser determinante para avanzar en las causas y reconstruir cómo se movía la droga dentro del barrio.
Por otra parte, las dos personas identificadas en el lugar, un hombre de 47 años y una mujer de 51, quedaron a disposición de la Justicia Federal. La causa sigue en trámite y no se descartan nuevas medidas en función del análisis de la evidencia recolectada.
En este contexto, desde el Ministerio de Seguridad se destaca el rol central de la línea 0800-DROGAS. La posibilidad de denunciar de manera anónima sigue siendo una herramienta clave para detectar estos puntos de venta que muchas veces funcionan puertas adentro, en distintos barrios.