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“Hay que seguir resistiendo desde lo artístico; es nuestro lugar para decir

El Ciclo Somos entrevista a Rubén Rodríguez Aradas, escultor y tallista de El Bolsón, autor de “La poética de la madera”. Una charla sobre la extensa trayectoria artística que sintetiza en esa obra premiada y publicada por el FER, que se presentará el 8 de mayo en la Feria del libro de Buenos Aires.

Fecha: 27 de abril de 2026
Rubén Rodríguez AradasCrédito: Gentileza de Rubén Rodríguez

Por Sebastián Carapezza

Rubén Rodríguez Aradas posee “el don de leer formas ocultas de la madera”, anuncia uno de los prólogos de "La poética de la madera”, libro premiado y publicado por el FER. Una interpelación que no falla para que quien se encuentre con esta obra quiera conocer a este artista de la madera nacido en 1959 y radicado hace más de 35 años en El Bolsón. 

Rubén trabaja la madera desde hace más de 40 años. Sus esculturas fueron distinguidas con premios provinciales, nacionales e internacionales y se han expuesto en galerías de distintos puntos del país y el exterior, contando entre ellas instituciones como el Carrousel del Louvre de París. Además, es un artista que pone en circulación, enseña, socializa sus saberes, sin importar dónde; y siempre regresando a su taller que huele a madera recién cortada en alguna ladera de su habitat patagónico.

Para esta charla nos encontramos virtualmente. Y a poco de iniciar la conversación descubro que, aún con una pantalla de por medio, lo que más llama la atención de Rubén no es su pelo y barba revuelta, ni su chaleco de lana estilo leñador, sino sus manos. Con sus pliegues y durezas, esas manos dan por sí mismas testimonio de los años en el oficio, de los materiales que por ellas pasaron. Son las herramientas imprescindibles que siguen vitales a pesar de las mil heridas que puede tener la vida. Grandes, robustas y llenas de gracia, alimentan la expresividad del entrevistado. 

- ¿Por qué elegiste a la madera como elemento para expresarte?

- Creo que tiene que ver con todo lo mamado durante mi infancia. Los muebles en la casa de mis abuelos, sus detalles y molduras, siempre me resultaron una incógnita y me gustaba entender cómo los habían hecho. También siendo muy chico, al caminar y jugar en el barrio donde me crié, los árboles me llamaban mucho la atención, tanto que juntaba las cortezas que se desprendían e intentaba moldearlas y hacer máscaras o algo parecido. Comencé a tallar hace más de 40 años, en Buenos Aires, cuando tomé el primer taller, que fue muy útil para la búsqueda de la forma de mis creaciones. Tiempo después me fascinaron unos tallistas chaqueños que conocí en una exposición en La Rural.
Desde muy joven me manejé siempre de forma autodidacta. En ese sentido, la madera es maravillosa y un gran desafío para todos los sentidos. Sus texturas son fascinantes y cambian a medida que la trabajamos. Cada una tiene un aroma diferente, particular… Tal es así que muchas veces las identifico más por cómo huelen que por otros atributos. También son muy bellos los sonidos que nos entregan al darle un lijado final; basta con pulir un trocito de ciprés para apreciar la musicalidad que adquiere al cerrarse su grano. 
Como digo, todos los sentidos se involucran con este elemento. A medida que la trabajamos, la madera revela su poética y se va entregando. Es muy interesante entenderla, ver cómo, al adentrarnos en sus fibras, mayor es la nobleza que va adquiriendo. A su vez, la herramienta hace que la mano y la madera vayan entendiéndose. Como dice el Yeye Gianelli, un gran maestro platero con el cual aprendí mucho, “la herramienta enseña”. También estoy seguro que esa poética se la da el trabajo sobre un objeto antiguo, como puede ser por ejemplo una vieja tabla de picar, aquella que aún persiste y que está en la casa de nuestros viejos y tiene la textura de tantas comidas, de tantos encuentros, de tantos asados compartidos... 
La Patagonia es un lugar ideal para este oficio, porque el bosque, las montañas, los lagos, los sonidos de la naturaleza, nos dan una gran oportunidad de poder encontrar esa poética determinada… Porque, en realidad, está todo junto a la naturaleza y a la mayor o menor conexión que podamos tener con el entorno. Todo junto influye y mucho.

Mientras ensilla el mate, pregunto un poco en chiste y bastante en serio, si sabe cuántos artistas por metro cuadrado residen en El Bolsón. Parece que el viento sopló y los amontonó a casi todos por esos lados…, le digo. Entre risas, no tarda en observar: - Algo de eso hay. Creo que incide también la cuestión de cierta bohemia que tuvo el hippismo, con otras inquietudes como conectarse con la naturaleza, crear, observar, la presencia de una intención de expresarse artísticamente siempre. Si bien creo que soy el único que sostiene un taller de madera en El Bolsón, hay mucha diversidad de artes y saberes, al igual que en Bariloche. Por algún motivo nos amontonamos…

- ¿Pensás que tu trabajo hubiera sido posible si hubieras habitado otras latitudes?

- Siempre estuve involucrado con la madera. Creo que en otro lugar hubiera sido diferente porque el contexto y sus materiales marcan, inciden; pero siempre me gustó tallar. Obviamente no tendría la conexión que atesoro con el bosque, estaría mucho más limitado y no tendría ciertas aptitudes que hoy tengo a la hora de observar un árbol. Eso es algo muy importante para mí: trato de conectar mucho con ellos, con el sonido que generan con el viento, su aroma, las aves que los habitan, y, sin entrar en cuestiones místicas, siento que hay como un latido en cada uno. Voy caminando, siento el crujir las ramas que se cayeron e identifico de qué árbol proviene cada una. Tener esa percepción, de alguna manera marca lo que hacemos. Sin ir más lejos, armé mi taller con palos lavados que entregan los ríos y lagos y que ya te traen muchas sugerencias para que hagas cosas, algo que sin dudas no podría encontrar en otras ciudades.

- ¿Qué importancia le das a tu taller? ¿Qué significa en tu vida?

- Sin dudas que es mi segundo hogar; un espacio muy importante en el que viví experiencias de todo tipo. Hace dos años tuve un accidente en este taller y me amputé dos dedos. A partir de ahí se profundizó la idea de enseñar y transmitir mis conocimientos, un trabajo cansador pero gratificante. Paralelamente voy haciendo trabajos, ya mucho más relajados en cuanto al apuro, sin las lógicas de las temporadas turísticas en las que muchos años trabajé a destajo, con poco descanso y con la incertidumbre de no saber si lo recaudado alcanzaría para sobrellevar la temporada baja.
De hecho, mi principal fuente de ingreso en la actualidad es la enseñanza que brindo a diferentes grupos, cada uno particular. Vienen desde nenes hasta personas de tercera edad, con conocimientos de los más variados. Explico mucho cómo trabajar y comprender la madera, la herramienta, el filo, pero también apunto a que puedan expresarse artísticamente. Quizás alguien necesita ese espacio para hacer piezas utilitarias y otros para despejar la cabeza y parar la mente. En el taller no todo el mundo hace lo mismo, entonces es bien dinámico: una docena de personas haciendo cosas diferentes, intercambiando, generando un aprendizaje mútuo donde sin dudas yo también aprendo… quizás una de esas personas resuelve algo de una manera que a mí con 40 años de trabajar este rubro no se me hubiera ocurrido. Se enseña y se aprende siempre. 

La intención principal es que entiendan la materia y comprendan que 5 centímetros de material significan 10 años para un árbol. Y que esa madera se manifiesta de una manera particular si tuvo un invierno más nevador o un verano más seco. Hay que entender que la madera es un ser que nos lleva a pensar quién era ese árbol, mirándolo con respeto, porque estamos tratando con un material que nos brinda oxígeno permanentemente. Por eso en principio la idea es trabajar con madera caída. 

- ¿Cómo entendés el rol del artista en cuanto a la transmisión de sus conocimientos?

- Creo que es muy importante que los saberes circulen y no se pierdan los oficios. Fundamentalmente hay que transmitir algo que va más allá y tiene que ver con despertar el deseo de hacer algo propio. Las técnicas son importantes, tanto como que existan espacios de transmisión de saberes, de creación. No sé si esto se da en todos los artistas, no lo podría asegurar; lo que sí puedo decir es que en general el artista o artesano es generoso con lo que aprendió y con su saber, aunque siempre hay excepciones.
En lo personal entiendo que es una obligación moral compartir ese saber por humilde que sea. Eso es solidaridad y hasta en estas pequeñas decisiones, podemos mejorar nuestra sociedad. No hay posibilidad de sociedad sin solidaridad. Lo más importante es saber qué es lo que queremos enseñar y ponerse el lugar de quien va a recibir esos saberes, intentar entender cuál es el camino que puede servir para que logre aprender y disfrutar de ello. Si alguien se aburre, “la batalla de enseñar” está perdida.

"Taller" Gentileza Rubén Rodríguez

Árboles y libros: testigos silenciosos

Sería imposible hablar de la madera sin mencionar al árbol, así como hablar del árbol sin pensar en el bosque. Siguiendo esa lógica, en el libro “La poética de la madera”, Rubén Rodríguez propone un recorrido desde el taller del artesano, con sus herramientas, recursos técnicos y didácticos, sosteniendo la propuesta de que la indagación permanente hace a la comprensión del oficio. En esa búsqueda, el autor se vale también de poemas, cuentos, relatos, inspirados en muchos casos por piezas escultóricas que creó en distintos momentos de su vida. Cada página revela la experiencia del artista, una invitación a ingresar ese universo no solo destinada a quienes se dedican al oficio, sino a todo aquel interesado en las distintas expresiones culturales que existen en este territorio. 

- “La poética de la madera” es tu primera obra literaria publicada ¿Por qué nace este libro? 

- Sin dudas el libro proviene de la práctica del oficio artesano. Por otro lado, siempre me gustó escribir algún texto, algún cuento corto, quizás proveniente de la auto-observación…. De repente estar trabajando y ver cómo un copo de nieve se asemeja a la viruta que va flotando en el aire. Comencé a estar atento a esas observaciones que antes pasaban desapercibidas y me propuse retratarlas desde un costado poético, mientras desglosaba cuestiones técnicas sobre el tallado de madera. 
Creo que en definitiva este libro surge de esa soledad del taller, de pensarme y ensamblarlo con la escritura. Es muy maravilloso y tremendo a la vez esto del arte, porque conectas con otras cuestiones y otros tiempos, sobre todo cuando retratas personajes. Encarar un ensayo literario y una escultura o talla, son muy semejantes, porque siempre es dar un salto al vacío donde la obra se va modificando a cada momento. Sucede cuando escribís y sucede cuando haces una creación en madera. 
Es un libro muy ecléctico que contiene cuestiones técnicas, artísticas y poéticas. Sin dudas que para escribir o para trabajar se mira el mundo desde un lugar propio, que está ideologizado, politizado. Desde esa mirada observo la injusticia o la falta de solidaridad, o el derrotero que vivimos los artesanos que estamos siempre complicados económicamente. Es que el artista o artesano, al no tener reconocimientos del estado, tiene que lidiar contra la producción masiva y todo lo que propone el capitalismo. Entonces esta obra tiene una mirada política y no podría concebir la vida sin esa mirada. Sin dudas tiene un costado ideológico sin llegar a ser un libro político.
En definitiva creo que los objetivos que buscaba con este libro se cumplieron, aunque me quedó afuera un montón de material.

Primera presentación del libro, realizada en El Bolsón en octubre de 2025

- ¿Cómo fue el proceso de creación en este otro lenguaje, el literario?

- Durante la escritura vinieron a mi mente imágenes relacionadas con el agua, los barcos, la navegación, las aves… Creo que tienen que ver en gran medida con la libertad, el ir hacia un horizonte desconocido, y cierto sentimiento de liviandad. Cuando realizamos cualquier manifestación artística no tengo dudas que es una aventura incierta, y nos permite entrar a un mundo mágico, desconocido y conocido a la vez.
Escribir me permitió aventurarme más allá de ese umbral. Leerme me dio mucho pudor pero pude expresar sensaciones que atesoro hace décadas con mi trabajo de artesano escultor. Intenté que las contradicciones tuvieran coherencia Humildemente abracé la posibilidad de escribir. Lo que está aquí escrito es como un ave observando, mirando desde arriba, con la idea de que las palabras logren tener la suavidad de una pluma y la urgencia de un aleteo. Sabía que si no escribía rápidamente lo que aquí ya está escrito, las palabras se volarían lejos, como un cóndor en los cielos que se aleja en la cordillera y se pierde en el horizonte.
Luego, como trabajé en un profesorado en algún momento de mi vida, no me resultó tanto trabajo escribirlo y creo que fui logrando maneras y formas de transmitir lo que necesitaba. No me fue difícil ser didáctico, aunque sí me costó la puntuación, saber dónde iba un punto y cuándo una coma. Mi esposa me ayudó mucho; también colaboró una doctora en Literatura de México, que conocí tiempo atrás y visitó mi taller. Ella hizo correcciones ortográficas y de sintaxis sin alterar las ideas.
 
Por último, cuando el libro fue seleccionado y llegó el momento de publicarlo, el Fondo Editorial Rionegrino hizo un gran trabajo de orden y compaginación del material. Creo que la decisión que tomaron de que el formato sea apaisado, permite mejor lectura y lo hace entretenido. Sin dudas que estuvieron codo a codo en ese trabajo, resolviendo cuestiones página por página, respetando la esencia de la obra.  

 - ¿Cómo fue el trabajo con las imágenes?

- Algunas imágenes las tomó el fotógrafo Marcos Aramburu, cuando vino a mi taller. Las del interior son principalmente de Elisa Almirón, fotógrafa local que contacté para que retrate muchas piezas que pensaba incluir en el libro y tomó fotos muy artísticas jugando con la luz de mi espacio de trabajo. Otras imágenes las solicité a clientes y personas conocidas que sabía que tenían ese material; algunas otras son mías, recientes o de mucho tiempo atrás… Y otras que me hubiera gustado incluir ya no puedo tenerlas porque antaño no tomábamos registro de ningún tipo. Hay obras de mi juventud de las que solo guardo mis recuerdos. De otras, ya ni eso.
Sin dudas fue un trabajo arduo conseguir todo el material; en general, lo fue todo el proceso hasta que esta obra vio la luz. Debe haberme llevado tres años entre que comencé a escribir y salió publicado este libro. Todos los días me dedicaba un rato a la mañana y así iba avanzando. Después, durante el resto del día, donde estuviera  tomaba notas de frases o imágenes que se me iban ocurriendo y que creía que podrían servir; me agendaba ayudas-memoria con palabras claves que más tarde desmenuzaba y profundizaba en el proyecto de libro. Todo eso sin inteligencia artificial ni nada de todas las tecnologías que existen en la actualidad. 

- ¿Y el título cómo se definió?

- Hace 20 años desde el museo José Hernández me invitaron a dar un seminario que llevaba como título “La poética de la madera”. Esa frase quedó resonando dentro mío desde entonces. Analizaba la palabra “poética”, que sin dudas es un concepto muy potente y difícil de explicar; reflexionaba alrededor de varias preguntas tales como si la poética se la da uno a la obra; si el árbol es solo una hoja en blanco esperando ser pintada por mis deseos y miedos… 
En definitiva, la madera es bella, bellísima… pero creo que la poética se la otorgamos cuando la trabajamos, cuando algo de lo que sentimos queda expresado en el madero que ya dejó de ser una hoja en blanco porque el tallista escribió su poesía en ella. La poética tiene que ver con nuestro hacer, con la creación; es la huella que dejamos, lo humano, aquello que revelamos al trabajar sobre ella. A la vez, tiempo después comencé a pensar que la poética estaba dentro del árbol y el artista lo que hace es solo sacar lo que sobra, como dicen muchos escultores. Y ya terminando con el libro después de darle tantas vueltas, comprendí que la poética es el encuentro entre el hacedor y el árbol, en este caso. Incluso se produce en un trípode entre la obra terminada, el autor y el espectador.

- ¿Qué proyectos tenés a corto y mediano plazo?

- Estoy trabajando en colaboración con la curadora Fabiana Alonso, en una serie con el tema de incendios, pero no desde una mirada tan explícita. Es que me gusta mucho investigar, andar diversos caminos para llegar a algo nuevo. Entonces mezclando diversas técnicas encontré algunas texturas y formas, y la idea es hacer toda una serie de ese trabajo. 
Siempre hay que probar.. En definitiva, creo que las cosas que fui logrando surgieron a partir de la persistencia, que es algo que debe tener cualquier persona, no solo los artistas. La frustración está siempre. Yo me amputé dos dedos en este mismo taller y al mes ya estaba trabajando de nuevo. Algo bueno siempre aparece a partir de que uno se entrega. No hay que aflojar y hay que seguir resistiendo desde lo artístico,  sea escribir, esculpir o pintar; son lugares para decir “acá estamos”.

Presentación en la Feria del Libro de Buenos Aires: Rubén Rodríguez presentará la obra  “La poética de la madera” el próximo viernes 08 de mayo a las 18 hs en la Feria del Libro de Buenos Aires. La cita será en el auditorio del stand del Ente Cultural Patagonia (Pabellón Ocre - Predio de La Rural, CABA).

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Fotos: Gentileza Rubén Rodríguez  /  Archivo FER.
Ciclo Somos │ Coordinación, prod., edición: María Eugenia Aliani - Entrevista: Sebastián Carapezza

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